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Cuando el mejor trabajo editorial es no cambiar nada

12 oct
2 min de lectura

Hay historias que no hace falta escribir, porque alguien ya las escribió. Solo esperan que alguien las cuide.

Un hijo nos contactó con un material muy especial: las hojas en las que su mamá había contado su propia historia, escritas en portugués, y un manuscrito original con el árbol genealógico de la familia, trazado por ella misma. Nombres, uniones, ramas que cruzan generaciones y países.

Su deseo era claro. Quería que esas hojas se convirtieran en un libro, para que sus descendientes pudieran conocer la historia de su madre contada por ella.


Respetar cada palabra

En la mayoría de nuestros libros, la edición es parte central del trabajo: ordenar, pulir, encontrar el hilo. Esta vez la decisión fue otra.

Pasamos cada hoja palabra por palabra, sin editar nada de lo que estaba escrito. Respetamos su idioma, su forma de decir, sus giros y cada uno de los nombres. Porque el valor de este libro no estaba en cómo podía quedar mejor contado, sino en que fuera ella quien lo contara.

El árbol genealógico, con su letra, fue el punto de partida para entender la trama de la familia y darle al libro su estructura.


Un marco a la altura de la historia

Una vez transcripto el texto, trabajamos en la maquetación y el diseño para que cada página se leyera con calma y claridad. El libro lleva tapa en tela con stamping dorado, su retrato en la tapa y encuadernación cosida, para que se abra entero y dure generaciones.

El resultado es un libro sobrio e íntimo, en el que la voz de una mujer vuelve a hablarles a los suyos.


Un legado escrito de su puño y letra

Muchas familias guardan hojas así: cartas, cuadernos, memorias escritas a mano o a máquina, que pasan de un cajón a otro sin que nadie se anime a hacer algo con ellas. Con los años, el papel se gasta y la historia corre el riesgo de perderse.

En The Allbum creemos que todas las historias merecen su libro. A veces, nuestro trabajo es ayudar a contarlas. Otras, es darle a una historia que ya está escrita el lugar que se merece.


Si tenés en tu casa hojas, cuadernos o cartas de alguien de tu familia, contanos.


 
 
 

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